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Las Fases del Perdón son tres

23 Abr

El proceso del “Perdón” consiste en “desarmar” lo que hemos construido, eliminando las culpas que ponemos en otros y en nosotros mismos. De esta manera, podremos aceptar a los demás tal y como son y, seremos aceptados tal y como somos. Mientras exista una sola persona a la que consideremos culpable, estaremos atados a nuestra limitación mental, estamos juzgando.

Las fases del perdón son tres:

1.- Pedir disculpas, una vez reconocido que hemos causado daño, ya sea a otros, ya sea a nosotros mismos, debemos hacer constacia de que nos hemos dado cuenta y que de haberlo sabido hubieramos preferido actuar de otra manera (a veces no estamos arrepentidos de nuestros actos, pero ello no significa que nos demos cuenta de la ofensa que hemos podido crear en otros).

2.- Reparar el daño causado, uan vez que hemos pedido disculpas podemos hacernos cargo de la situación y conversar con el otro la cuantía del daño, negociar en este sentido nos permite hacer una penitencia por el daño causado, debido a que todo efecto tiene una causa, podemos actuar para que el efecto sea inmediato y participar en la resolución del efecto, en lugar de esperar que el efecto llegue de la manera en la que el universo crea oportuno.

3.- No volverlo a repetir, para que el otro confie en que realmente hemos sido conscientes del daño causado, la única manera en la que podemos dejar claro que nos importan los sentimientos del otro, es no volviendo a crear una situación igual o parecida.

Si no se dan estas tres fases, es imposible que la ofensa se olvide. Llo normal es que la gente pida perdón por costumbre, por inercia o por educación, aún sin saber que lo que están haciendo es dejar constacia del poco valor que le dan a la ofensa creada. A veces pedimos perdón por cosas que no deben ser perdonadas y no respetamos cuando realmente debemos dejar constacia de nuestro pesar por el daño causado.

El Perdón a uno mismo, es tal vez, uno de los más difíciles de lograr. La autocondenación se da la mayoría de las veces de una manera muy sutil, y a la vez, muy intensa. A veces, sentimos la voz de un juez interno que nos recuerda cuán tontos hemos sido al haber actuado de cierta forma; ese juez no es más que la voz de nuestro propio ego que debemos aprender a acallar. Perdonar no es sinónimo de debilidad. Muchas personas confunden el perdón con la permisividad. Perdonar no significa permitirles a los demás que vuelvan a hacer lo mismo con uno.

Tener en cuenta estos pasos, le ganamos la batalla al Ego, ya que es el único que juzga y condena. Nuestra mente es limitada y nunca captamos todo lo que está pasando. Podemos percibir una situación como una injusticia, pero en realidad, no sabemos si el injusto sólo le está dando la oportunidad al otro de reparar su error. Además, las diferencias culturales hacen que nuestra capacidad de juicio sea limitada. Por ejemplo, para un esquimal es buena costumbre ofrecer a su mujer para que duerma con la persona que los visita. Para nosotros, suena como una locura; sin embargo, para los esquimales es totalmente normal. ¿Quién tiene la razón? La respuesta es sencilla: ninguno. Cada uno está viviendo su propia experiencia.

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Publicado por en 23 de abril de 2012 en Crecimiento personal, Desarrollo personal, EGO

 

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